
Así de fácil puedes saber de la frescura de un huevo
La prueba de flotación del huevo en agua es un método doméstico ampliamente utilizado para estimar su frescura, y tiene una base científica relacionada con los cambios físico-químicos que ocurren tras la puesta. Un huevo fresco posee una cámara de aire muy pequeña en su interior, ya que su contenido líquido (clara y yema) ocupa prácticamente todo el volumen. Por ello, su densidad global es mayor que la del agua y se hunde completamente, permaneciendo horizontal en el fondo del recipiente.
Con el paso del tiempo, incluso si el huevo se conserva refrigerado, se produce un intercambio gaseoso a través de los poros de la cáscara. El agua contenida en el interior se evapora lentamente y es reemplazada por gases, lo que provoca un aumento progresivo del tamaño de la cámara de aire. Este fenómeno reduce la densidad del huevo, haciendo que adopte posiciones más verticales en el fondo cuando tiene aproximadamente una semana de antigüedad, o que incluso quede suspendido en el agua cuando alcanza entre dos y tres semanas.
Además de los cambios físicos, también ocurren transformaciones químicas. El pH de la clara aumenta debido a la pérdida de dióxido de carbono, pasando de valores cercanos a 7,6 en huevos frescos hasta alrededor de 9 o más en huevos envejecidos. Esto provoca que la clara se vuelva más líquida y menos viscosa, afectando tanto a la textura como a sus propiedades culinarias. Paralelamente, la membrana vitelina que rodea la yema se debilita, haciéndola más propensa a romperse.
Cuando un huevo flota completamente, significa que la cantidad de gas acumulado en su interior es suficiente para hacerlo menos denso que el agua, lo cual indica un estado avanzado de envejecimiento. Aunque no todos los huevos flotantes están necesariamente en mal estado microbiológico, el riesgo de deterioro y proliferación bacteriana, como la de Salmonella, es considerablemente mayor, por lo que se recomienda no consumirlos.
Este método, aunque útil como orientación rápida, no sustituye otras prácticas de seguridad alimentaria, como el correcto almacenamiento en refrigeración, el respeto a la fecha de consumo preferente y la cocción adecuada. Sin embargo, su simplicidad y base científica lo convierten en una herramienta práctica para evaluar la calidad de los huevos en el ámbito doméstico.
